Cuando en Chile se piensa en un presidenciable son importantes las características personales del candidato(a): la preparación académica, el discurso, la capacidad de reflexión, la experiencia y el liderazgo político. Pero si hay algo que otorga consistencia a una candidatura (sin considerar encuestas ni votos) son las garantías de gobernabilidad que tal o cual candidato puede ofrecer al país. Este es un elemento subjetivo de evaluar y que pasa por la percepción ciudadana de la mayor o menor capacidad del candidato para generar instancias de diálogo, del ánimo de inclusión de los actores sociales, de la capacidad de construir acuerdos políticos y en definitiva por la percepción de la voluntad del candidato de querer gobernar con todos y para todos.
En esto es indudable que las personas, los equipos los movimientos y los partidos políticos que acompañan al candidato juegan un rol; me refiero a con quienes se gobernará, quienes son los que respaldarán en el Congreso las iniciativas legislativas del Presidente, quienes serán los ministros de Estado, cuales son las certezas de la implementación de nuevas políticas públicas, cual la continuidad de las existentes, cuales son las garantías para el sector público y privado y con que apoyos se realizarán los cambios que se pretenden.
La gobernabilidad como un permanente ejercicio de diálogo, entendimiento, construcción de acuerdos y direccionamiento de las fuerzas e intereses políticos hacia el bien común, requiere en principio el apoyo de los partidos y de equipos de trabajo con criterio político. Piñera y Frei pueden ser objeto de crítica en muchos flancos, pero si algo tienen sus candidaturas es que estos temas están relativamente claros: ambos son líderes en sus respectivas coaliciones, cuentan con apoyo de equipos programáticos y de un número considerable de parlamentarios en ejercicio, al mismo tiempo son artífices, cada cual, de las plantillas parlamentarias para un respaldo legislativo de sus eventuales gobiernos. Sobre las características de gobernabilidad, Eduardo Frei ha demostrado hoy tener mucho más carisma que en su anterior candidatura y prudencia; Piñera por su parte, es un líder y para muchos chilenos un símbolo del emprendimiento y del éxito empresarial. Por otro parte se conoce de antemano cual es la visión de ellos, o al menos de los partidos políticos y los equipos programáticos que los apoyan, hechos que en suma aportan a la percepción de gobernabilidad del candidato.
¿Pero que ocurre con Marco Enríquez-Ominami? Hasta el momento es una figura emergente pero solitaria, que ha tomado como base de propulsión la critica hacia una forma tradicional de hacer política, encarando a todo aquel que se opone a su candidatura en particular a los de su propio partido político (PS) y enrostrando a los candidatos Piñera y Frei en cuanto representan el desgaste de las cúpulas políticas. Sin duda, el discurso sobre no privatizar la política ha prendido en la ciudadanía, particularmente desde una mirada de los excluidos. Pero la pregunta es ¿que nivel de gobernabilidad ofrece Marco Enríquez-Ominami y que apoyos puede lograr si mantiene una actitud de víctima del sistema político y de permanente crítica hacia sus pares?
A los chilenos nos gusta que nos respeten, principalmente cuando se trata de nuestro prestigio como país y de nuestra cara visible la figura del presidente(a). Al respecto el diagnóstico es meridianamente claro, nos gusta la seriedad, la credibilidad y la gobernabilidad, elementos que son valorados y que creemos transforma las elecciones, por sobre las tendencias de encuestas en una cuestión de amor propio de cada ciudadano.
Creemos que Marco Enríquez-Ominami tiene importantes fortalezas como candidato particularmente relativas a la audacia y al ímpetu con que logra instalar los temas progresistas, pero asimismo tiene grandes desafíos, que pasan por no ser sólo el estandarte del descontento sino de presentarse como una carta que da garantías de gobernabilidad.
Al respecto debe cambiar su actitud por una de mayor prudencia y humildad, demostrar una visión de conjunto, brindar certezas políticas, generar confianza en las personas, sobre todo con los actores políticos y entender que expresar las posiciones no significa entrar en conatos mediáticos con el primero que critique su candidatura, activos todos, que se miden en el tiempo y que no necesariamente vienen acompañados de una forma contestaría o díscola. La reflexión que nos queda es que hasta el momento la gobernabilidad que pueda ofrecer el emergente presidenciable es una materia pendiente que debe trabajar so pena de caer en contradicción con las funciones propias de la pretensión política a la que aspira, ser Presidente de la nación.








este esn una semilla de la consertacion