El segundo ensayo nuclear de Corea del Norte de mayo 2009 ha puesto en alerta a la comunidad mundial y ha provocado una situación que afecta negativamente la paz y la estabilidad del sureste asiático. La explosión subterránea en Pyongyang fue superior al primer ensayo del 2006, con un sismo de 4.52 grados en la escala de Richter, hecho que fue catalogado por norcorea como una respuesta a la amenaza militar y sanciones económicas impuestas por EE.UU., Japón y Rusia y Corea del Sur. El hecho objetivo es que se consolida el estatus nuclearizado de Corea del Norte, cuyo armamento es una pieza clave para perpetuar el actual régimen político y un predominio bélico en la región.
En la actualidad se estima que el mundo alberga entre 25.000 y 30.000 armas nucleares, el 97% de ellas en manos norteamericanas y rusas y el resto repartido entre China, Francia y el Reino Unido, países que componen el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y Pakistán, India y Corea del Norte que han logrado fabricar armas nucleares contraviniendo el Tratado de no Proliferación Nuclear .
La situación de Corea del Norte parece estar fuera de control de los organismos internacionales quienes no conocen el inventario nuclear ni cuentan con alternativas de negociación para promover un desarme en el corto plazo. Este hecho acarrea el problema de quedar radicado en un gobierno comunista la decisión de una eventual guerra nuclear y el indiscriminado exterminio de personas y daño al patrimonio medioambiental.
A modo de ejemplo, se estima que la India puede disponer de unas 65 cabezas nucleares y su vecina Pakistán de otras cincuenta, bastando la utilización de 1% de dicho arsenal para provocar un daño al cambio climático de proporciones desastrosas; incluso cuando no se utilizan presuponen un riesgo para la salud pública y el medio ambiente, sumado a la amenaza permanente que organizaciones terroristas puedan adquirir material nuclear.
Hacemos una crítica a Corea del Norte y a todos los países que han tomado la decisión de armarse nuclearmente y no han transparentados su armamento ante la comunidad mundial, entre ellos Irán e Israel, por cuanto ningún país tiene justificación ética para desarrollar capacidad bélica nuclear y menos realizar ensayos indiscriminados. Estas acciones son inaceptables y merecen el rechazo de todas las personas más aun cuando presuponen un gasto de recursos que deberían ser destinados a las necesidades básicas de la población con menos recursos de esos países.
En esta materia no puede haber un doble estándar, creemos que los países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no pueden seguir disfrutando de un oligopolio nuclear a la sombra de un Tratado de No Proliferación Nuclear que se manifiesta como un mero instrumento al servicio de sus privilegios; son precisamente estos Estados quienes deben promover un Tratado mundial para desacelerar programas de desarrollo de capacidad bélica nuclear debiendo ponerse como ejemplo.
Un mundo sin armas nucleares no es sólo una visión progresista sino que está profundamente ligada a los intereses del mundo, es una causa que refuerza el ethos de la política global, de anteponer los intereses de las personas, de la comunidad internacional y del desarrollo sustentable del medioambiente, por sobre las egoístas aspiraciones del poder político y bélico de los países.
Una política progresista en suma tiene el imperativo de articular una estrategia para el desarme nuclear y la prohibición completa de los ensayos, desarrollo, producción y utilización de armamento nuclear y a la eliminación de desechos nucleares en todo el planeta, como la renuncia a su uso civil.
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